LA PROFESIA DEL ODIO

¡Viva el cancer!

El odio ya estaba antes que la política pero la política lo disciplinó. Cada tanto, el odio se indisciplina y se sale de curso, desborda la propaganda calculada y la crispa en un insulto.

Al conocerse la enfermedad de Fidel Castro, algunos cubanos estadounidenses no contuvieron su jolgorio en las calles de Miami. Una manifestación de odio tan impúdica que los propios adversarios orgánicos de Castro y de la Cuba socialista debieron salir a pedir moderación. La Secretaria de Estado de EE UU pidió calma. La Iglesia Católica pidió respeto por el estado de salud del líder.

El lector se preguntará qué siente el pueblo cubano en éste momento.

Hace medio siglo pasó lo mismo en la Argentina y quedó grabado a fuego en la memoria. Eva Duarte de Perón se moría ante las masas obreras. Como en Miami hoy, entonces en Buenos Aires alguien pintó "Viva el cáncer".
El lector se preguntará qué les pasó por dentro a los que leyeron esa leyenda. El lector se preguntará qué siente el cubano común ante la algarabía de los necrófilos.
El periodista Enrique Oliva ha recopilado un testimonio del sentimiento popular, un fresco más nítido que la eurística del historiador: un poema. Fue para el aniversario de la muerte de Evita. Coincidió con la visita de Fidel Castro a la cumbre del MERCOSUR. Coincidió con la enfermedad repentina. Coincidió con los ultrajes de esa Pequeña Cuba que quiere remedar a la otra, a la grande. Pero no fue una coincidencia. Lo que siente el pueblo por sus abanderados no es juguete del azar.
(fuente: elultimodelasemana)


"Eva"
Calle Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.
Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.
Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.
Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lágrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
No descanses en paz, alza los brazos,
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.
No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
María Elena Walsh
Fuente: Carta Argentina - www.cartaargentina.com.ar

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