"ANOTHER PLANET PLEASE "





Señales de vida

El cohete acaba de estallar en mil pedazos.
Tres astronautas quedan flotando a la deriva con conciencia plena de su muerte inminente.
Mientras se disparan sin control hacia el espacio, dos de ellos se
trenzan en una absurda discusión parecida a la que a veces sostienen los matrimonios en la cama o los taxistas que se rozan en la calle.
Sereno y pensativo, en cambio, el tercero cae lentamente sobre la atmósfera terrestre.
Mientras sus últimos instantes se consumen como llamas en el agua, el hombre comprende que su vida no ha tenido sentido.

Fue egoista, mezquino, indiferente. Recibió mucho y no dió nada.
Pensó que el amor es un deporte donde lo que se usa se tira o se regala.

Repentinamente su cuerpo se inflama, se enciende, se consume.
Allá abajo, en un jardín, una niña mira el cielo y trata de adivinar a que se parecen las nubes que pasan. Su madre cuelga ropa en la soga. Algo brilla y se apaga en el infinito.
La niña corre con la noticia de que ha visto por fin una estrella fugaz. "Pensa tres deseos", le dice la madre en el final de este viejo relato de Ray Bradbury.

Todos nosotros, en algun sentido, somos el astronauta que se precipita como un meteoro sobre la tierra. Por mas inútil y absurda que haya sido hasta ahora nuestra existencia, aún estamos a tiempo de cambiar.
Tenemos a mano la posibilidad, y acaso el deber, de dejar al menos un sueño o una esperanza en los que nos rodean.
Una frase inconclusa, una canción, acaso tres deseos como esos que se prenden muy adentro cuando soplamos las velitas.
Contra toda indiferencia, contra toda frialdad, las señales de vida llegan siempre adonde tienen que llegar.

(Luis Gruss campogrupal)





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