LOS CARTELES DE LAS FUNDACIONES




"Dejé y recaí tantas veces que ya ni puedo contarlas"


Tuvieron que pasar más de 35 años de consumo para que Oscar B. asumiera que no podía manejarla. "Imaginate —dice—. Tengo 52 y desde los 15 que fumo. Dejé y recaí tantas veces que ya ni puedo contarlas. La marihuana no sólo me hizo pelota el cerebro sino que fue al trampolín a las demás drogas. Pasé por todas, fui sumando algunas y restando otras, pero el porro estuvo siempre". Hasta ahora. Hace dos meses que está internado en la Fundación Reencuentro, a la espera de una hazaña que emprendió tantas veces como fracasó: dejar la droga. O que la droga lo deje, y le devuelva la vida que le roba hace varias décadas.

"Era un pibe, un adolescente, y me fasciné con el hippismo. Me acerqué a unos muchachos que fumaban marihuana y me enganché. Siempre supe que no era bueno, pero jamás imaginé que me volvería adicto. Siempre dije que era algo que manejaba, un aditivo para noches de buen pasar, pero después no pude parar. Llegué a viajar a Paraguay a comprar... Me la traía de kilos. Fumaba diez porros diarios". Oscar no sabía lo que era vivir sin estar fumado, porque sentía que podía hacer todo con porro encima. "Me engañaba. Estaba atado. Sin la marihuana sentía que me faltaba optimismo para encarar el día. Si no fumaba me ponía depresivo", confía.

La marihuana no fue lo peor. O sí, porque fue la puerta. "Seguí con anfetaminas, cocaína, LSD, pastillas. Hoy soy VIH positivo, tengo problemas motrices y muchas fallas en la memoria reciente. Además, hice destrozos en mi familia, abandoné a mis hijos... Destruí todo", repasa Oscar. "Los pibes tienen que saber que cada porro deja neuronas en el camino. Perdés la memoria, la noción del tiempo, te relajás ante cuestiones que merecerían atención o preocupación. Es una mierda, una mierda que encima está pseudolegalizada. La tolerancia social no ayuda".




Balance "altamente positivo" del Primer Congreso Internacional de Adicciones


Tras el cierre del Primer Congreso Internacional de Adicciones, Sergio D' Indio de la Fundación Ave Fénix, dijo a Canal Once que "debe haber mas control", ya que "tienen mayores gravámenes impuestarios un litro de leche que un litro de cerveza".
(http://www.eloncedigital.com.ar/secciones/general/nota.asp?id=5216)



Mentir, ¿una cuestión de supervivencia?


Un reciente estudio afirma que el cerebro de los mentirosos tiene menos materia gris, lo que se traduciría en una menor preocupación por lo moral. Pero todos mentimos, algunas encuestas dicen que mucho: al menos 20 veces al día. El periodista cuenta su propia experiencia, reconoce que lo hace a menudo y defiende que mentir moderadamente sirve para sobrevivir. Por Tim Rayment (www.elmundo.es)



No hay comentarios.:

Publicar un comentario